Horacio Fernández Formigo: “Estos vuelos fueron más que especiales”
Horacio Fernández Formigo: “Estos vuelos fueron más que especiales”
Horacio Fernández Formigo es piloto de Aerolíneas Argentina y comandó vuelos que trajeron al país insumos y vacunas para combatir la pandemia de Coronavirus. Aunque vive en Temperley sus raíces están en General La Madrid, ciudad a la que añora mucho porque gran parte de su familia reside aquí.
En diálogo con “De igual a igual” hizo un repaso por su niñez, su pasión por los aviones y lo que definió como su hito en la aeronáutica: viajar a China y a Rusia aportando un grano de arena a la salud comunitaria.
“Mi papá es de Temperley y mi mamá de La Madrid. Toda la familia que realmente quiero están en La Madrid: mis tíos, mis abuelos que son Formigo y Esterelles, hoy viven mis primos y mis primos. Me eduqué en Temperley pero todos los veranos y los días libres me iba a La Madrid donde tenía a mis abuelos; cuando mi mamá no me podía llevar, me subía en mi bicicleta al tren y el comisionista Minuto me acompañaba, me iba a la casa de la tía Chichy y a lo de la abuela Formigo que viven en Alberti y Sarmiento”, recordó.
“Pasé mi niñez y la adolescencia, paseando, yendo a casar o al balneario. La pasé muy bien en La Madrid”, contó Fernández Forrmigo. “Desde que empezó la pandemia no he podido ir pero en cuanto pueda me voy a hacer una escapada; tengo que cuidar a mis tíos que son mayores y yo tengo mis cuidados”, sostuvo el piloto. “Además del cariño que me ofrecían mis abuelos y mis tías, mi mamá era una mujer que le gustaba mucho la aviación y de chico me regaló libros, y me fui introduciendo en la aviación que es lo que tanto me gusta y me apasiona. Tuve la oportunidad de estudiar de Técnico Aeronáutico en la Secundaria y me recibió de Técnico y mecánico de aviones, y pude comprarme un avión para hacer mi carrera de piloto, me iba a La Madrid y salía a volar con toda la familia, e iba juntando la experiencia para ser piloto nacional”, mencionó sobre los orígenes de su exitosa carrera. “Me recibí como Técnico en el año ´75 y empecé a estudiar para piloto; estudié Ingeniería aeronáutica en La Plata pero abandoné porque me gustaba volar”, mencionó.
“Empecé a juntar experiencia: fui piloto privado, comercial, instructor de vuelo y en el año 1980 entré a Aerolíneas como ingeniero de vuelo; volé aviones como el Boing 707, 727 y el Jumbo. Seguí como piloto particular dando instrucción en los clubes y eso me permitió en el año 88 ingresar como copiloto y ahí hice mi carrera profesional, volé el Boing 737, el Mc Donel Douglas 88, el Airbus 310 y el Jumbo 200 y el 400. Con la experiencia me ascendieron a Comandante y volé el Boing 737, el Airbus 340 y el 330”, resumió. Fernández Formigo admitió que ser piloto demanda “bastante sacrificio” y le agradeció a su familia “que me acompaño y me ayudó”. “Hay que estudiar continuamente porque la tecnología avanza muchísimo y los aviones tienen mucha electrónica y si uno se queda sin actualizar no puede ejercer esta carrera con profesionalismo. Afortunadamente si uno estudia puede llevar a gente; en el avión llevo 260 vidas que dependen de mí y uno no puede dejar librado al azar nada, todo tiene que ser con estudios y profesionalismo”, sostuvo.
Horacio Fernández Formigo reveló una anécdota que lo une íntimamente a La Madrid, a su familia en la ciudad pero también a la comunidad. “Era comandante de Boing 737 con 120 pasajeros y con regularidad viajaba hacia Bahía Blanca y la ruta pasa por la rotonda, un día se me ocurrió decirme a mi tío Horacio Formigo que me iba a desviar e iba a pasar por La Madrid y que le iba a hacer señas con luces del avión y él me iba a responder con un reflector que usaba para cazar. Nos vimos perfectamente ambos así que se me ocurrió en algunos vuelos avisarles a mis primas y Karina llamaba a las radios y avisaban que un piloto iba a pasar prendiendo y apagando las luces, muchos me saludaban con sus reflectores”, repasó. Y luego agregó: “una vez, volando con un copiloto nuevo le conté lo que iba a hacer y me miraba como diciendo que estaba loco; medio de noche pasamos, prendí y apague las luces y el vio que muchos nos saludaban, no lo podía creer. Todo el pueblo respondía, salieron los chistes y la gente decía cosas muy graciosas”. “Fueron historias que las viví con mucha pasión y estaba contento que la gente respondiera”, mencionó el aviador. “Tengo cuatro hijos, un varón y tres mujeres; Rodrigo y Estefanía son pilotos profesionales, y las dos más chicas hicieron el curso de azafata”, acotó Horacio Fernández Formigo sobre su familia.
Hito:
Horacio Fernández Formigo integró una de las cinco tripulaciones que viajó la semana anterior a Rusia a buscar dosis de la vacuna Sputnik V. Pero el Comandante de Aerolíneas Argentinas hizo su aporte también durante los vuelos a China que se realizaron regularmente durante el 2020. “Todo comenzó con el principio de la pandemia donde se necesitaban insumos médicos como los camisolines, respiradores, que el gobierno compró a China”, recordó. Contó que en ese momento, cuando la empresa de bandera nacional diagramó los vuelos, “tuve la suerte de hacer cuatro: tres por la ruta normal, de acá a Nueva Zelanda donde repostábamos combustible y de allí a China, retomando la mista ruta que demandaba 52 horas de vuelo. El último fue un hito para mi carrera porque cumplí en dar la vuelta al mundo, volamos a Madrid, de ahí hasta China donde cargaban los insumos, de ahí a Nueva Zelanda y luego hasta la Argentina, fue maravilloso, nos ahorrábamos 4 o 5 horas de vuelo, estábamos tres días sin bajarnos del avión: nos duchábamos, comíamos y dormíamos en el avión para cumplir el periplo”.
“Este año aparecieron las operaciones para ir a Rusia a buscar las vacunas”, prosiguió y destacó que su aporte es “contribuir a la salud de los argentinos. Estoy emocionado y orgulloso”. “Tengo 24 mil horas de vuelo, mucha experiencia y a dos años de jubilarme. Estos vuelos fueron más que especiales porque he tenido la oportunidad de hacer carga y llevar pasajeros pero estas son operaciones especiales porque contribuyen a la salud, para evitar la muerte y luchar contra la pandemia. Me enorgullece y me llena de placer”, subrayó el comandante.
“Estoy contento de hacerlo más allá de lo profesional porque puedo ayudar a los demás, es la cúspide de mi carrera. Toda mi vida tuve vocación de servicio”, indicó. “Es un avión maravilloso, muy moderno, de largo alcance, de gran porte porque pesa 230 toneladas y puede llevar 260 pasajeros, puede llevar hasta 20 mil kilos de carga en las bodegas. Volar un avión de esos es maravilloso, no se puede explicar, amaneceres, puesta de sol, la
curvatura de la tierra, a 12 kilómetros de altura las cosas se ven de otra manera. Que me presten una máquina que vale 80 millones de dólares con palabras no puedo explicar lo que siento, es el mejor trabajo del mundo”, contó sobre la aeronave y lo que significa volar. “Tengo pasión por los aviones y volar. Mi tío me ayudó a reparar el motor de mi avión y fueron pequeños pasos para una gran carrera, estoy orgulloso de mi familia que me ayudó, me acompañó y me empujó”, destacó.
“Desde chico mi mamá me lo inculcó y si tuviera que elegir una carrera la elegiría, es maravilloso ser piloto”, dijo Fernández Formigo. “Mi mamá tuvo la oportunidad de acompañarme en el progreso de mi carrera profesional, la he llevado a Europa, México, EEUU, ella disfrutó de mi carrera y me acompañó; estoy orgulloso de ella y pudo disfrutar. No pude cumplir con el tío Horacio que le prometí llevarlo y aún no lo he podido hacer, pero no va a faltar oportunidad”, mencionó. “Cuando se reinauguró el aeródromo de La Madrid él (Horacio Formigo) colaboró”, contó en referencia a su tío y repasó que “tuve la oportunidad de asistir y hacer una conmemoración a la Virgen de Loreto”.
