
General La Madrid se ha convertido en un lugar de referencia para la práctica del Parapente y el verano se convierte en el momento ideal para que los pilotos lleguen para tomar cursos con Damián Lestarpe, tricampeón mundial de la especialidad en vuelo libre. Recientemente llegaron visitantes de distintos puntos del país y charlaron con Estilo Noticias sobre su pasión.
Todos coinciden que “a pesar de que somos todos diferentes, en este deporte somos todos iguales”.
“La capacidad didáctica y pedagógica que tiene Damián (Lestarpe) se basa en la generosidad que tiene de enseñar lo que él sabe y volcarlos a los alumnos. Es intuitivo y se da cuenta cuando no estamos entendiendo lo vuelve a repetir y está buenísimo”, revelan sobre una de las características distintivas del instructor.
“Cuando volás te olvidás de las demás cosas y empezás a ver otras: un pájaro volando, ves a lo lejos, observás la naturaleza”, describen los pilotos.
“Siempre está la reunión, la charla. Eso es parte del vuelo”, describen sobre el “backstage”, lo que no se ve de los cursos y de los vuelos. Siempre que salis a volar es porque buscás algo y vos solos te vas corriendo tu propia vara. De los objetivos que te ponés pocos son los que vas a lograr y son más los fracasos pero hay que ir igual, ser perseverante”, apuntan.
“El punto es sentirse feliz porque la vida es efímera”, describen sobre lo que los atrae del deporte.
Admiten que “no es un deporte que se pueda compartir fácilmente sino con quien es del palo. Es divertido para el que vuela para el que no es una porquería… una o dos veces te pueden ir a ver pero después ya te dejan”.
Alejandro es periodista y profesor en el área de Comunicación Social. “Nosotros sacamos provecho de la experiencia de Damián (Lestarpe) Soy piloto de avión pero no vuelo hace muchos años y encontré en el parapente lo que quería del vuelo: la libertad”, cuenta sobre su experiencia en el parapente.
“Vuelo más que nada en montaña pero me encontré con limitaciones de conocimiento y para volar no solo podés hacerlo intuitivamente y por placer, y por eso hago el curso, para poder disfrutar el vuelo y no estar aterrizado”, añade.
“Estos cursos tienen un doble propósito porque lo que estudiamos a la mañana lo aplicamos a la tarde y eso te genera placer. Además estamos acá metidos, disfrutando todos junto de algo que hemos elegido todos”, indica.
“En el avión el vuelo no deja de ser mecánico, tenés que estar atento al motor y el instrumental. En el vuelo libre uno va más concentrado en el vuelo para seguir arriba, y así va pasando”, compara.
“Venimos de ámbitos muy diferentes y prácticamente no nos conocemos pero nos une un hilo misterioso que no sabemos cómo se formó: coincidimos en el placer de volar”, apunta.
“El miedo se reduce cuando sabés que lo que está sucediendo y que es incómodo, saber por qué se produce. Cuando incorporás conocimientos entendés que te pasa por determinada situación. Cuando sabés el miedo disminuye porque sabés cómo enfrentarlo”, menciona.
“Volar en montaña es completamente distinto. La montaña tiene otras reglas y es un intríngulis difícil de deducir”, explica sobre uno y otro vuelo. Lestarpe interviene y remarca que “en la montaña las condiciones varían muy rápido… son minutos, y acá es mucho más lenta, no hay tal microclima y la vez venir”.
Martín es de La Plata. “Siempre me apasionó volar. De chico me despertaba imaginándolo; parecía un sueño lejano hasta que un día me invitaron a un trail biplaza y ahí hice el curso de paramotor, también he hecho cursos en Córdoba y a Damián (Lestarpe) lo fui siguiendo desde que me adentré en este mundo del parapente… ya hace más de un año que vengo a volar acá”.
Pasar del sueño a la realidad “solo ocurre soñando y queriendo que esto suceda”, apunta. “Es increíble llegar a una nube e ir de un lado al otro”, agrega entusiasmado.
“Lo placentero del vuelo libre es la incertidumbre porque no sabés si vas a despegar y aterrizar ahí nomás o a dónde podes llegar. Si vas a volar 15 minutos o tres horas”, subraya más tarde y diferencia este tipo de vuelo con el paramotor, especialidad que también le compete.
“Es un camino de superación. Te vas superando a vos mismo, venciendo los miedos y las frustraciones”, contesta.
“Al principio hay miedos sí, como todo lo que no conocés pero a medida que vas aprendiendo se va diluyendo. Hay un dicho que señala: cuando empezás te dan un vaso lleno de suerte y uno vacío de experiencia; la idea es llenar el de experiencia antes de que se te vacíe el de la suerte”, subraya.
“Es muy lindo el despegue, el vuelo y el aterrizaje, según cómo te haya ido”, menciona. Y señala: depende de tus objetivos. Si lo hacés de manera recreativa al estar en el aire aunque sea un ratito es un día ganado pero si vos tenías un objetivo y no lo lográs no vas a estar contento”.