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¿Murió la grieta? El inesperado dato sobre los adolescentes que dejará mudo al sistema político

¿Murió la grieta? El inesperado dato sobre los adolescentes que dejará mudo al sistema político

¿Murió la grieta? El inesperado dato sobre los adolescentes que dejará mudo al sistema político

¿Murió la grieta? El inesperado dato sobre los adolescentes que dejará mudo al sistema político

Cuando se indaga qué creen los jóvenes sobre la democracia surgen miradas y debates que etiqueta a las nuevas generaciones como un bloque que no tiene interés por la política. Sin embargo, emerge una juventud que cree en la democracia como principio y la generación Z ya le pone fin a la grieta, mostrando más tolerancia entre pares que difieren políticamente.

Un estudio reciente de la Universidad de Buenos Aires estudió a 2.494 estudiantes de todo el país de entre 16 a 19 años, expone que lejos de rechazar el sistema, la juventud sostiene valores democráticos firmes pero la evalúa con exigencia. Acepta la democracia como marco legítimo, aunque mantiene una mirada crítica sobre su funcionamiento.

Es el perfil de una juventud que no rechaza la política, pero tampoco la abraza de manera intensa. El Observatorio Pulsar.UBA y la Asociación Conciencia llevaron adelante el relevamiento, presencial y autoasistido, que tuvo dos entregas y que explica con datos que los más chicos se vincula con la política desde una lógica de baja intensidad y con cautela.

Para entender qué piensan realmente los adolescentes argentinos es necesario mirar más allá de los ruidos de las redes sociales y observar la evidencia empírica, el 54 por ciento de los adolescentes afirma que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Lo que surge en los sectores más críticos no es un giro hacia el autoritarismo —que solo seduce al 15 por ciento en circunstancias excepcionales— sino un fenómeno de distancia e indiferencia que alcanza al 10 por ciento de los chicos.

 

¿Fin de la grieta?

Uno de los datos más relevantes es que la generación Z podría ponerle fin a la grita, a diferencia de una argentina sumergida en la polarización política, los jóvenes no ven la ideología política como una barrera para tener amigos o pareja y esto demuestra que hay más niveles de tolerancia.

Hay un alto rechazo a juzgar a las personas por sus opiniones políticas, al estar marcados por la baja intensidad política, la identidad no se manifiesta anclada en una militancia partidaria activa o fanatizada y la posibilidad de tener amigos que piensen diferente se vuelve más viable. Al ser la participación tan selectiva -solo el 11 por ciento comparte posteos de candidatos-, la política no invade la totalidad de sus vínculos. Los adolescentes se relacionan de una forma pragmática y más tolerante que confortativa.

 

 

El “factor biblioteca” y el peso del hogar

Existe una correlación directa con respecto al capital cultural, el mayor acceso a libros y educación de los padres, genera más convicción democrática. Por ejemplo, quienes tienen más de 50 libros califican la importancia de la democracia con un 8,90, frente al 7,77 de quienes no poseen ninguno. El entorno cultural fortalece la adhesión democrática y que la tolerancia hacia el pluralismo es una construcción que comienza en la biblioteca familiar.

 

Participación selectiva: el domingo electoral como único ritual

La supuesta despolitización se choca con un dato rotundo el 73 por ciento de los jóvenes tiene intención de votar en las próximas elecciones. Este compromiso cívico es alto y aumenta con la edad, pasando del 67 por ciento a los 16 años al 85 por ciento a los 18 años. Además, el 63 por ciento defiende que el voto sea obligatorio, una cifra que sube al 73 por ciento en los sectores de mayores ingresos.

Sin embargo, aquí reside la paradoja, los jóvenes creen en el voto, pero no en su omnipotencia. El 72 por ciento sostiene que votar es importante pero no alcanza para decidir lo que pasa en el país. Esta desconfianza se traduce en una participación nula en otros canales solo un 9 por ciento asistió a una marcha en el último año y apenas un 6 por ciento firmó un reclamo o solicitud social. La política, para esta generación, no está anclada en las formas tradicionales pero si en el ritual de ir a votar.

 

Fuente: Infocielo

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